Revista estudiantil de la Universidad Autonóma de Aguascalientes, editada por la Brigada Jesús Silva Herzog (Sociedad de Alumnos de Economía y Mesa Local ANEE)

lunes, 8 de septiembre de 2008

EL TRABAJO DEL ANTROPÓLOGO EN LO RURAL. Eduardo Ponce Alonso (Lic. Antropología Social, Universidad Veracruzana)

A manera de ensayo se presenta a continuación un acercamiento sobre el cómo podría abordarse el fenómeno de la ruralidad desde el trabajo antropológico.

Para poder estructurar y armar el siguiente trabajo se ha pensado en dos niveles: en un primer nivel se plantea un acercamiento a lo rural definiendo algunos parámetros que se estarán usando a lo largo de este texto. En un segundo momento se buscará pensar el papel de la antropología en el espacio de lo rural para poder exponer algunas de las actividades que en ese nivel de la realidad están desarrollando los antropólogos.

Lo rural.

Ya que se trata de un acercamiento a la temática de estudios rurales me parece pertinente empezar por definir que se entiende por rural. Cabe mencionar que no es tarea sencilla definir lo “rural” pues cuesta mucho trabajo definirlo de una sola manera. Lo presentado a continuación son sólo algunos parámetros y características que permiten abordar esa realidad más no una definición.

En muchos lados se han peleado ya por definir lo rural sin llegar a un consenso y en este sentido no me propongo dar la última definición de lo rural sino sólo presentar algunos parámetros que me ayuden a aprehender ese fenómeno llamado rural.

Al mencionar la palabra “rural” el referente inmediato que nos viene a la mente es el pueblo más alejado asentado en la punta de algún cerro, en donde para llegar hay que ir algunas horas en autobús por caminos de terracería, caminar por veredas otros tantos minutos y tal vez (si somos lo suficiente afortunados) adelantar otro tramo en lancha.

Este primer acercamiento aunque muy superficial nos comienza a dar pistas sobre lo rural. Si bien es cierto que la ruralidad es lo opuesto a la vida en la ciudad, podemos empezar por ver qué es el modo de vida urbano para poder entender su opuesto rural.

Según Wirth[1], lo urbano se caracteriza por contar con comunicaciones y transporte constante, actividades industriales y comerciales, por ser centro de actividades financieras y administrativas, contar con servicios de educación, médicos, y con una amplia especialización del trabajo. Con respecto a la organización social podemos entender en lo urbano un predominio de la individualidad y del anonimato dentro del grupo.

Si lo rural es lo contrario a lo arriba mencionado se entendería como una carencia de la mayoría de los servicios pero analicémoslo mas detenidamente. El transporte y los medios de comunicación en las comunidades consideradas como rurales es algo escaso (con esto no se pretende decir que no los halla) pues en la mayoría de los casos los caminos están en malas condiciones o son pocos los autobuses que llegan hasta estos puntos, sin embargo los habitantes de estos lugares se las han ingeniado para lograr conectar veredas entre uno y otro pueblo que reducen las distancias y faciliten la comunicación. En algunos lugares caminar es la mejor opción para trasladarse de una punto a otro, donde las distancias ya no se miden en kilómetros sino en el tiempo aproximado de recorrido.

La presencia de clínicas de salud en las localidades logran solventar ciertas necesidades en el sector salud pero el poco abastecimiento de medicinas y la irregularidad del personal en estos centros de salud hacen que las personas recurran a los cuidados y tratamientos obtenidos de la terapéutica tradicional. De cierto modo como lo menciona Luís González[2] se tiene una “vida al natural” en el sentido que se vive en estrecho contacto con el ecosistema, obteniendo de el mucho mas que alimento.

De igual manera las actividades financieras y administrativas no son propias de este medio ya que los trámites burocráticos implican bajar hasta la cabecera municipal o en su defecto al centro urbano más cercano, implicando perder un día de labor en la dinámica del campo. Esta complejidad de trámite, que en su mayoría son desconocidos para los habitantes del sector rural, hace que sea preferible olvidarse de ellos volviéndolos un sector vulnerable.

Sin embargo, el sector rural genera toda una organización social propia en donde según González el enemigo común es el gobierno quien no manda los apoyos suficientes para este sector, se generan relaciones de cacicazgos y se privilegia la autoridad de los viejos.

Uno de los principales recursos que se caracteriza la vida en el campo es la tenencia de un pedazo de tierra para poder cultivar, sin embargo de un tiempo a la fecha parece que este recurso poco a poco va escaseando. Si bien es cierto que algunos cuentan con este recurso ya no son ellos quines lo cultivan sino que se han visto en la necesidad de rentar la tierra y vender su trabajo para subsistir[3].

Esto da pisas sobre la relación que se establece entre los sectores rurales y urbanos, por una lado el campesino que aporta la tierra y por el otro los capitalistas que aportan los recursos económicos y tecnológicos necesarios para producir. Esta relación no necesariamente implica ser socios sino que en ocasiones el campesino es comprado como parte de la tierra que se esta rentando.

Así el sector rural desarrolla toda una serie de estrategias de alianzas, ceremonias y maneras de pensar que le permitan sobrevivir al sistema social más amplio en el que están inmersos[4]. Las fiestas, sus matrimonios, las relaciones de compadrazgo, la familia, el trabajo, las actividades religiosas generan los procesos que ayudan a los habitantes de lo rural a subsistir.

Hay que aclarar que lo rural no funciona únicamente como productor de maíz sino también como productor pecuario, como productor piscícola y como productor agrícola de diferentes productos, es decir, el sector rural sigue siendo “el granero del sector urbano”. De esta manera los problemas del sector rural como productor de materias primas para lo urbano se vuelven un problema que afecta la vida en lo urbano pues que si truena o hay alguna anomalía en el sector rural los primeros en resentirlo es el sector urbano consumista de sus productos[5].

Otro tipo de fenómenos que se están dando en el sector rural son la migración hacia espacios urbanos en busca de oportunidades de trabajo transportando el modo de vida rural a estos espacios, generando un fenómeno de ruralización. A demás otro fenómeno que se esta registrando es el cambio del cultivo de especies por otras más redituables económicamente como la marihuana u amapola que de cierta forma cambian los estilos de vida en lo rural[6].

En un primer momento pareciera que lo rural es “un remanente de la historia, un conjunto humano dejado de lado por la marcha del progreso y que ha permanecido anticuado”[7], sin embargo, como se ha tratado de mostrar no es que el sector rural este fuera del progreso sino que esta dentro de él pero cumpliendo con otras funciones.

Por lo tanto, no es posible entender lo rural como una entidad aislada sino todo lo contrario para poder caracterizarlo y aprehenderlo es necesario pensar en la complejidad de las relaciones que en ese sector se establecen. Así los fenómenos de la migración y las actividades como el narcotráfico sirven para pensar lo rural como un espacio social y un territorio geográfico que no únicamente lo podemos encontrar en las regiones montañosas sino también en ciertos espacios metropolitanos.

El antropólogo en lo rural.

El antropólogo social es uno de los científicos que se ha sumergido a investigar la realidad rural. Pero resulta interesante pensar como la antropología de ser una disciplina pensada para estudiar a los pueblos originarios da un vuelco para poner como foco de su análisis a las comunidades rurales que originalmente eran parte del análisis sociológico.

Si bien es cierto que lo indígena puede caracterizarse como rural, hablar de una comunidad rural campesina es hablar de una sociedad mestiza antes que de una sociedad indígena. Sin embargo, entendiendo la antropología como el estudio de la cultura y a la cultura como “todos los intentos de una comunidad por apropiarse del medio natural y transformarlo en un habitad humano”[8] queda perfectamente entendido el lugar de la antropología en el sector rural.

Pero el estudio de lo rural en la disciplina antropológica es más un asunto político que académico, es decir, pareciera que las personas que viven en el sector rural son abordados como grupos subalternos: campesinos, mujeres pobres, indígenas. De esta forma como lo argumenta Pitarch la etnografía de otras culturas es simplemente una descripción pero cuando se trata de la etnografía de la propia cultura se convierte en una política[9].

En muchos casos pareciera que sólo nos quedamos en la descripción y pocas veces se pasa al otro nivel que es el del compromiso con los informantes. Andrés Aubry[10] argumenta que en el campo la peor tarjeta de presentación es la del antropólogo, quien se interna y penetra en la comunidad a estudiar, obtiene los datos que necesita y se marcha a escribir, en el mejor de los casos regresa a la comunidad para devolver los datos que obtuvo en forma de tesis que resulta ser ilegible para los campesinos.

Esto abre el panorama para pensar cuál es la función de la antropología en el estudio de lo rural: será que únicamente es el registro y observación de los fenómenos que en ese contexto se desarrollan o es que hay que trascender la mera descripción.

Desde mi punto de vista hablar de la antropología en el sector rural implica dos funciones especificas. Por un lado encontramos esa parte de observación, registro y documentación de lo rural en donde el objetivo principal es entender la causalidad de los fenómenos observados (el por qué).

Esta actividad del registro de los fenómenos es propia del gremio académico donde divulgar y compartir el conocimiento es de vital importancia para poder avanzar en la discusión, es decir, en este primer elemento se escribe para los colegas, donde se discute, critica, teoriza pero queda claro que no se escribe para la comunidad.

La devolución del texto científico, como lo argumenta Bartra[11], no dice nada nuevo para los individuos de las comunidades pues sólo disfrazan con un lenguaje técnico lo expresado de manera común dentro de la comunidad. En este sentido es atinada la observación de Aubry al decir que estos textos aunque se entreguen a las comunidades poca utilidad tienen para las personas. Es aquí donde surge la otra función en lo rural: la mediación.

El papel de mediador es el que diversos científicos sociales llegan a ocupar durante su investigación. El antropólogo no es la excepción puesto que inmerso en las relaciones sociales que el intenta comprender es un canal de comunicación entre la sociedad rural y el sistema político y económico.

Durante la estancia en campo algunos investigadores forman parte de proyectos de desarrollo, de rescate y salvamento ecológico, de diagnósticos comunitarios donde, aparte de registrar el proceso, el investigador llega a comprometerse con la población en la búsqueda de recursos tanto humanos como económicos, asesorías, platicas y charlas con los interesados, siendo el puente para que sistemas culturales logren establecer un diálogo.

En este aspecto podemos rescatar ideas que de antaño Foster[12] propuso argumentado que el antropólogo debe ocuparse de por lo menos dos cultural o sistemas sociales (el dirigido y el director), así como del punto donde se unen o interactúan, lo que ayudará a caracterizar las relaciones sociales y a poner en diálogo los intereses de ambos grupos.

La mediación tiene muchas implicaciones y una de ellas es comprometerse con el grupo participando como un elemento más dentro del grupo. Tal vez es acá donde se logren explicar las diversas relaciones de compadrazgo que el antropólogo contrae en la comunidad entiendo que al establecer una relación de compadrazgo se puede establecer un contacto con la sociedad urbana.
Con esto no se esta diciendo que la segunda función sea mas preponderante que la primera, sino que en la investigación se desarrollan ambas funciones al mismo nivel y al mismo tiempo.

Conclusiones

Con este texto no se trata de hacer el clásico texto en el cual se hacen recomendaciones teóricas y metodológicas pidiendo a otros que hagan lo uno no hace. La experiencia ha dado muchos ejemplos donde el compromiso con el grupo de investigación es de vital importancia para el desarrollo de la tarea científica.

Las tareas de registro y observación a demás de la labor de mediación deben verse no como actividades opuestas sino como complementos una de la otra. Parece claro que la devolución del texto a las comunidades no es de gran ayuda para difundir los resultados que se obtuvieron durante la investigación sino que es necesario otro tipo de actividades como pláticas y reuniones informativas en donde se generen respuestas y alternativas, abriendo los espacios para que las personas puedan entrar en dialogo con otro tipo de realidad.

De esta forma y con los argumentos presentados se buscó dar luz a una sombra en la antropología: el entender y el justificar el papel antropológico en otros campos de análisis, lo rural en la antropología.

Fuentes consultadas.

Bibliografía:

FOSTER, George M., 1985 [1969 i.], Antropología aplicada, México, FCE, 2ª reimp., 348 pp.

GONZÁLEZ, Luís, “Los lugares comunes acerca de lo rural” en: Las sociedades rurales hoy, COLMICH.

WARMAN, Arturo, 1977, Los campesinos. Hijos predilectos del régimen, Nuestro tiempo, México, 150 pp.

WOLF, Eric, 1971, Los campesinos, Labor, Barcelona, 150 pp.

Hemerografía:

AUBRY, Andrés, “Los intelectuales y el poder. Otra ciencia social” en Contrahistorias. La otra mirada de Clío, Núm. 8, marzo - agosto de 2007, pp. 111-116.

BARTRA, Roger, “Las ciencias sociales en su tinta” en NEXOS, año 29, vol. XXIX, núm. 359, noviembre de 2007, pp. 39-41.

KRAUZE, Enrique, “La UNAM y el bicentenario, desvaríos históricos” en Letras libres, año IX, Núm. 108, diciembre 2007, pp. 26-33.

PITARCH, Pedro, “El imaginario prehispánico” en NEXOS, año29, vol. XXIX, núm. 359, noviembre de 2007, pp. 49-54.

Información de Internet:

GRANÉS, Carlos y Gabriel Zaid, “De la antropología (una polémica)”
WWW.letraslibres.com/index.php?sec=3&art=112367

WIRTH, Louis, “El urbanismo como de vida”
http://www.bifurcaciones.cl/002/bifurcaciones_002_reserva.pdf
[1]WIRTH, Louis, “El urbanismo como modo de vida” artículo indexado en: http://www.bifurcaciones.cl/002/bifurcaciones_002_reserva.pdf
[2] GONZÁLEZ, Luís, “Los lugares comunes acerca de lo rural” en: Las sociedades rurales hoy, COLMICH.
[3] Ver WARMAN, Arturo, 1977, Los campesinos. Hijos predilectos del régimen, Nuestro tiempo, México, 150 pp.
[4] Ver WOLF, Eric, 1971, Los campesinos, Labor, Barcelona, 150 pp.
[5] Ver WARMAN, Arturo, 1977, Op. Cit., pág. 130.
[6] Los denominados “narcocorridos” dan un acercamiento a esta realidad que en mucho de los casos hablan del sector rural y su relación con el sistema político, además de los códigos que dentro de esta actividad se manejan. Un ejemplo de estas nuevas características de lo rural lo podemos encontrar en las interpretaciones que da el grupo Los tigres del norte.
[7] WARMAN, Arturo, 1977, Op. Cit., pág. 67.
[8] GRANÉS, Carlos y Gabriel Zaid, “De la antropología (una polémica)” artículo indexado en WWW.letraslibres.com/index.php?sec=3&art=112367
[9] Ver PITARCH, Pedro, “El imaginario prehispánico” en NEXOS, año29, vol. XXIX, núm. 359, noviembre de 2007, pp. 49-54.
[10] Ver AUBRY, Andrés, “Los intelectuales y el poder. Otra ciencia social” en Contrahistorias. La otra mirada de Clío, Núm. 8, marzo - agosto de 2007, pp. 111-116.
[11] BARTRA, Roger, “Las ciencias sociales en su tinta” en NEXOS, año29, vol. XXIX, núm. 359, noviembre de 2007, pp. 39-41.
[12] Ver FOSTER, George M., 1985 [1969 i.], Antropología aplicada, México, FCE, 2ª reimp., 348 pp.